MSc. Wilfredo Campos Cremé
La intervención de los Estados Unidos en la guerra que los cubanos sostenían contra España, en 1898, marcó un punto de giro en los destinos de Cuba como nación. Los yanquis se presentaban como supuestos salvadores de un pueblo incapaz de autogobernarse y de lograr su independencia por sus propios medios. Desde los albores del siglo XIX, la naciente potencia mundial mostró interés y apetencias por nuestro suelo, considerado por ellos como su traspatio natural y una extensión de sus áreas de influencia, especialmente por su estratégica posición geográfica.
Estas ideas cobraron fuerza en los días finales del siglo decimonónico, cuando comprendieron que los cubanos tenían ganada la guerra contra España, que ya duraba treinta años. Entonces los discursos oficiales y la prensa amarilla intensificaron la propaganda con un profundo carácter colonialista en la que era evidente la intensión de reafirmar la supuesta supremacía anglosajona sobre el pueblo cubano. De aliados, se transformaron en enemigos. A pesar de que ambos ejércitos le dieron la estocada final al colonialismo español, al coronarse la victoria nos arrebataron la independencia. Transcurrieron, a partir de entonces, cuatro años de ocupación militar en los que se sentaron las bases para garantizar el dominio económico y político de Estados Unidos sobre nuestra patria.
El 20 de mayo de 1902, después de celebrar elecciones espurias, en las que triunfó el candidato yanqui Tomás Estrada Palma, nos impusieron una república mediatizada por la Enmienda Platt que no dejaba a los cubanos asegurada su independencia, soberanía, ni autodeterminación.
La lucha de los cubanos por lograr la verdadera patria no se detuvo entonces, hasta que en 1959 las fuerzas revolucionarias encabezadas por Fidel alcanzaron el poder.
En ese interregno fueron notables las manifestaciones de desagravio por lo que significaba el 20 de mayo para nuestro pueblo. Veamos el punto de vista de Regino E. Boti, a propósito de una invitación para escribir sobre el tema.
Santiago de Cuba, 3 de mayo de 1908
Señor Regino Boti
Guantánamo
Muy distinguido señor: la revista quincenal ilustrada HELIOS prepara con motivo del próximo aniversario del veinte de mayo, y en su conmemoración, una edición especial y dedicada exclusivamente a ese día.
Con este fin la redacción de HELIOS a Ud. respetuosamente acude suplicándole preste su apoyo escribiéndonos algún pensamiento alusivo al día, honrando las columnas de la revista.
Si como esperamos, Ud. decide complacernos, sírvase remitirnos su citado pensamiento a esta su casa, Marina alta 2, en una fecha anterior al día doce del corriente.
Anticipándoles las gracias por tan señalado favor, aprovecho la oportunidad para ofrecerme de Ud. como su más atento y S. S. S.
José T. Oñate
REDACTOR JEFE
La respuesta de Boti fue precisa:
Nosotros somos un pueblo muerto, o cuando menos agónico. El amor al terruño, el instinto de conservación colectiva se nos han ido mientras seguimos tras las ambiciones de unos o las bastardías de otros. Y cuando un pueblo está muerto o está agonizante cuadra hablar mejor de sepelio que de epopeya, de mausoleo que de capitolio, de sudario que de bandera. ¿Por qué pues hablar de efemérides? El 20 de mayo ¿no es un epitafio?1
Como si no bastara, en 1931 escribe el poema RITORNELO, elegía que denuncia a aquella República que hoy nos quieren imponer como modelo.
RITORNELO
Para contento de Judas,
la patria está en la picota;
y de sus carnes desnudas
la sangre a raudales brota.
El déspota la mancilla
desde el usurpado solio;
y hay en el pan arcilla,
auras sobre el capitolio.
En cruz está el patriotismo
para bien de usurpadores
que roban oro y honores
en fatal funambulismo.
El millonario anhelante
sumas anota en su infolio;
y hay una casta rampante,
auras sobre el capitolio.
Encarnación de Martí,
obra también de Maceo
¿para qué nuevo Tirteo
con nuestro viejo mambí?
Todo se ha perdido ya
en el más vil monopolio:
mas quedan, con el majá,
auras sobre el capitolio.
Al fin de lúgubre orgía,
proxenetas y traidores
al vender con su osadía
el lar de nuestros mayores,
nos ponen en la hora negra
de la injuria y el escolio,
cuando hay maldad que se alegra,
auras sobre el capitolio.
¡Qué símil más elocuente
de este macabro festín
que esa banda pestilente
que predice nuestro fin!
Algo vibra en el espacio
que no consta en ningún folio,
cuando se ciernen despacio
auras sobre el capitolio.
7 noviembre. 19312
1Regino E. Boti: cartas a los orientales (1904-1926), Edit. Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1990. Compilación y notas de José M. Fernández pequeño y Florentina R. Boti, p. 48.
2 Regino E. Boti: La visita de los dioses. Antología poética, selección y prólogo de Risell Parra Fontanilles y Regino Rodríguez Boti, Ed. Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1994, pp. 183-184.


